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Cocinar con anticipación no es pasar el domingo en la cocina. Es cocinar una vez para comer dos veces: duplicar una salsa, cocer un kilo de arroz en vez de 400 g, cortar las verduras de mañana mientras las de hoy se cuecen. Tres gestos, y las noches de semana pasan de cuarenta minutos a quince.
Lo que se recalienta bien se hace en doble: las salsas, las sopas, los guisos, el arroz, la pasta, las verduras asadas. Lo que no se recalienta se prepara, pero no se cocina con anticipación: la ensalada, el pescado a la sartén, la omelette.
Nada más el mismo día: es la misma olla, más grande. Diez minutos para cortar las verduras de mañana mientras se guisa.
Hiciste demasiado y no lo vas a comer a tiempo: el congelador, esa misma noche, en porciones. El arroz del martes está seco el jueves: una cucharada de agua, tapa, tres minutos. No tienes ganas de comer lo mismo dos veces: la misma salsa sobre pasta el lunes y en un gratín el jueves, no es el mismo plato.
La salsa boloñesa como la de la abuela, con un kilo de carne en vez de 500 g. Esta noche pasta, el jueves una lasaña rápida o un gratín, y dos recipientes al congelador.