Una lechuga es un lavado en mucha agua, un escurrido serio y una vinagreta en el último momento. Una lechuga mal escurrida diluye la vinagreta y se pone lacia.
Hojas frescas y quebradizas, un corazón apretado, sin bordes marrones.
Corta el tronco y separa las hojas. Sumérgelas en mucha agua fría, remueve, deja un minuto: la arena cae al fondo. Saca las hojas por arriba, sin vaciar el agua sobre ellas. Escurre en una centrífuga de ensalada, o en un paño limpio que haces girar.
Tres minutos.
Lavada y bien escurrida, en un recipiente con una hoja de papel absorbente, tres a cuatro días en el refrigerador.
La ensalada César: la lechuga romana lavada, escurrida y partida.